Era viernes, yo acababa de llegar a la puerta de casa tras una mañana cansada en el instituto, entonces me di cuenta de que se me habían olvidado las llaves y dentro no había nadie. Por suerte mi madre siempre dejaba una copia escondida en una de las macetas por si a alguno de nosotros se nos olvidaba.
Desde fuera se podían escuchar los ladridos de Billy, le daban miedo los rayos y por mala suerte hoy no era un buen día que digamos.
Cogí la copia de las llaves y abrí la puerta, al entrar me dirigí hacia las escaleras y me adentré en mi cuarto, como de costumbre, estaba todo desordenado. Dejé mi mochila en aquella pocilga y bajé otra vez al salón, allí se encontraba Billy, entonces me acerqué a el, le serví comida e intenté tranquilizarle. Entonces sonó el teléfono, era mi madre, no le eché mucha cuenta, pero fue la suficiente como para enterarme de que ella y mi padre llegarían tarde y de que tenía unas albóndigas en el frigorífico, me las preparé y me las comí.
Mis padres llegaron sobre las seis, así que me dio tiempo a hacer todos los deberes, a estudiar y me sobró para llamar a Natalie, mi mejor amiga. Cuando llegaron mis padre Natalie y yo nos fuimos a una especie de cabaña que ella y yo habíamos construido en una parcela que ella y yo compramos hace ya mucho tiempo con unos ahorrillos que conseguimos trabajando para una vecina mía. En aquella cabaña montábamos fiestas, comíamos, dormíamos... Era un hogar más.
Continuará......................
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